Donnerstag, 28. März 2013
Donnerstag, 14. März 2013
Donnerstag, 7. März 2013
Sonntag, 24. Februar 2013
Dienstag, 5. Februar 2013
Dienstag, 15. Januar 2013
Entre hombres - Washington Cucurto
Así que francamente, Laercio Redondo
no entiendo ¿por qué no podés jugar fútbol?
El fútbol es un deporte de hombres dulces,
el fútbol es un deporte de hombres que se quieren con locura.
El habilidoso es mal tratado por el recio
y el recio se muere por mal tratarlo con amor.
La vida es linda, Laercio.
En el campo se impone el recio
y el enamorado corre detrás de él.
"Ven y volteame, recio zaguero",
muchas veces escuché decirse esto entre hombres.
Vi hombre arrojarse al pasto, para que otros se arrejen detrás.
Es tan bonito el amor corrompido, prohibido, escapado de las pacaterías del mundo.
Cosas así hace el amor para sobrevivir y eso es tan lindo.
Es así, querido Laercio, el fútbol es un deporte de hombres que se quieren con locura.
Pasolini lo sabía bien y disfrutaba
Era capitán del equipo de recios adolescentes.
Entre hombres, en medio de la calle, el recio y el habilidoso,
el abrazo y el beso del gol
es como un arrumaco después de un gran polvo.
Laercio, querido amigo, no te prives de lo mejor
todo es mejor y mágico entre hombres.
no entiendo ¿por qué no podés jugar fútbol?
El fútbol es un deporte de hombres dulces,
el fútbol es un deporte de hombres que se quieren con locura.
El habilidoso es mal tratado por el recio
y el recio se muere por mal tratarlo con amor.
La vida es linda, Laercio.
En el campo se impone el recio
y el enamorado corre detrás de él.
"Ven y volteame, recio zaguero",
muchas veces escuché decirse esto entre hombres.
Vi hombre arrojarse al pasto, para que otros se arrejen detrás.
Es tan bonito el amor corrompido, prohibido, escapado de las pacaterías del mundo.
Cosas así hace el amor para sobrevivir y eso es tan lindo.
Es así, querido Laercio, el fútbol es un deporte de hombres que se quieren con locura.
Pasolini lo sabía bien y disfrutaba
Era capitán del equipo de recios adolescentes.
Entre hombres, en medio de la calle, el recio y el habilidoso,
el abrazo y el beso del gol
es como un arrumaco después de un gran polvo.
Laercio, querido amigo, no te prives de lo mejor
todo es mejor y mágico entre hombres.
Freitag, 28. Dezember 2012
Freitag, 14. Dezember 2012
Mittwoch, 28. November 2012
Montag, 26. November 2012
Mittwoch, 21. November 2012
Samstag, 10. November 2012
Dienstag, 25. September 2012
Eloísa Cartonera / Edmundo Bejarano
Acabo de recibir un email de Washington Cucurto en el que me pide que cuente mi relación con Eloísa
Tengo un recuerdo en la cocina a media luz de Timo en el barrio de Neukölln, a comienzos del 2000, al norte de Berlin. Donde Washington con una sonrisa amplia y simpática me pasa unos libros de cartón, afuera caía la nieve sin parar. Yo acaricie las tapas gruesas y duras, pintadas con acuarelas de muchos colores, un objeto poético, pensé, materialmente noble.
Esos libros habían salido de un proyecto cooperativo que se dedica a editar libros de manera artesanal, con el cartón comprado a los cartoneros en la vía pública, indudablemente venian de una vocación de servicio y de una de las crisis mas atroces de la otra orilla del mundo.
Esa noche descubrí escritores que iban a cambiar mi vida para siempre, autores como Reinaldo Arenas, Ricardo Zelarrayán, Enrique Lihn, Nestor Perlongher, Fabián Casas y el mismo Cucurto entre otros. Todos autores laterales absolutamente maravillosos que iban a irradiar luz en el frío invierno de estas praderas nórdicas. Esto nunca lo voy a olvidar.
Con el tiempo nos volvíamos a encontrar en distintos lugares del mundo y Cucu, para mi dicha, siempre me pasaba los libros que iba publicando. Tampoco voy a olvidar aquel encuentro en la pizzería con televisor del barrio 11, mientras yo esperaba matando el tiempo con un partido de Huracán, preguntándome a quien había publicado esta vez, de repente aparece él con una sonrisa implacable y sin decir ni una sola palabra, me pasa libros de cartón de Andrés Caicedo, a mi me dio en la cabeza un travelling en slow motion, como si Thor me hubiese dado el martillazo de la alegría... También me dio unas ganas inmensas de leer.
Ahora tengo muchos libros de Eloísa Cartonera y me parecen de una belleza única, porque cambian mi relación con la literatura y el mundo.
Dienstag, 18. September 2012
Washington Cucurto
Foto: Edmundo Bejarano
No aguanto más y no puedo hacer nada.
No aguanto más y no puedo hacer nada.
Si me voy, me moriría.
Cualquiera póngase en mi lugar,
soy hija de nada, no tengo hermanos
ni nada en que apoyarme…Y
estas turulas de los locales vecinos
me envidian mi tonta belleza
artificial de aro y hojalatería
preciosura que acá, entre tantas luces y
guirnaldas, es como la de un renacuajo.
Y estas tontas me envidian, pobres,
merecedoras son de lástima, no tienen vianda
y están dos escalones mentales debajo
de mí que no llego ni a tres.
Aun así, estoy en desacuerdo con Humberto,
ningún motoquero daría en el blanco conmigo.
Y así, es verdad, no soy la ladrona de ladrillos
que construye su casita en un pueblo muerto
del Conurbano, sin luz, ni gas, ni agua.
No señor, me llamo Romina, tengo 18
años, soy vendedora del Once y me hago cargo
como puedo de esta fantasía real alucinada:
delante de la vidriera la dueña soy yo.
Yo vendo para mí.
Sí, me encanta que les pongan bombas a estos
judíos platudos. Ojalá le pongan una al local
donde estoy y que volemos todos a la mierda.
¡Qué plato sería! Salir en el noticiero hechos mierdas por judíos.
Yo los re denuncio, salgo diciendo que no tengo hora de almuerzo
y que trabajo hasta las diez de la noche.
Los mando al frente, si quedo viva, claro.
De 8 a 10, corrido.
De 8 a 10, la sepultura.
De 8 a 10, el bajón total y la entrega absoluta.
Pero, ¿qué puedo hacer?
Si me voy, me moriría.
Cualquiera póngase en mi lugar,
soy hija de nada, no tengo hermanos
ni nada en que apoyarme…Y
estas turulas de los locales vecinos
me envidian mi tonta belleza
artificial de aro y hojalatería
preciosura que acá, entre tantas luces y
guirnaldas, es como la de un renacuajo.
Y estas tontas me envidian, pobres,
merecedoras son de lástima, no tienen vianda
y están dos escalones mentales debajo
de mí que no llego ni a tres.
Aun así, estoy en desacuerdo con Humberto,
ningún motoquero daría en el blanco conmigo.
Y así, es verdad, no soy la ladrona de ladrillos
que construye su casita en un pueblo muerto
del Conurbano, sin luz, ni gas, ni agua.
No señor, me llamo Romina, tengo 18
años, soy vendedora del Once y me hago cargo
como puedo de esta fantasía real alucinada:
delante de la vidriera la dueña soy yo.
Yo vendo para mí.
Sí, me encanta que les pongan bombas a estos
judíos platudos. Ojalá le pongan una al local
donde estoy y que volemos todos a la mierda.
¡Qué plato sería! Salir en el noticiero hechos mierdas por judíos.
Yo los re denuncio, salgo diciendo que no tengo hora de almuerzo
y que trabajo hasta las diez de la noche.
Los mando al frente, si quedo viva, claro.
De 8 a 10, corrido.
De 8 a 10, la sepultura.
De 8 a 10, el bajón total y la entrega absoluta.
Pero, ¿qué puedo hacer?
Si me voy, me moriría.
Mittwoch, 29. August 2012
Dienstag, 17. Juli 2012
Donnerstag, 14. Juni 2012
Dienstag, 29. Mai 2012
Mittwoch, 16. Mai 2012
Ezeiza de Fabián Casas
Fabián Casas Vs Washington Cucurto en Berlin
"Por suerte el espírizu no tiene una sola dirección y sigue soplando donde quiere"
F. C.
El super poeta Fabián Casas recibe el prestigiado premio alemán de literatura "Anna Sehers", mientras su amigo y editor Washington Cucurto, el sofocador de la cumbia y creador de "Eloisa Cartonera", aprovecha la situación para armar libros de cartón y luego falsificar la firma de Casas, para tratar de venderlos a un precio elevado.
Un Film atolondradamente poético que muestra como se cruzan la alta cultura, lo under, el trash y el pop.
Discurso
Donnerstag, 26. April 2012
Roberto Echazú poema
Limbania
me contó
que estaba muerta
y
yo también
le conté
que estaba muerto.
–´La historia
es siempre
la misma–
unos
primero
y
otros
después.´
Nuestras
manos
se juntaron
y
sólo
cayeron
cenizas”.
Roberto Echazú (1937 - 2007)
Poeta bohemio nacido en un pais no pais, donde el se presentaba no como poeta sino como aprendiz de poeta, "soy como el monaguillo de la poesía", decia, otros lo reconocían como el héroe del silencio, que se despertaba a las cuatro de la matina, para escribir y desechar sus poemas. Con carisma contaba: "lo que hago en Tarija es simplemente tomar vino. De repente tomo mas vino. Y eso me cuesta mucho, porque yo elaboro mi poesía en base al vino. Eso me cuesta mucho, porque cada versito que yo escribo es muy cortito, pero cada verso me cuesta por lo menos 50 botellas de vino.
Dienstag, 28. Februar 2012
Blackberry de Fabián Casas
Hay algo que no sé si es cierto pero que me gustó mucho cuando lo escuché: el origen de la palabra Blackberry. Dicen que viene de las bolas negras e irregulares que usaban los esclavos en las plantaciones de algodón en los estados Unidos. Irregulares –con la forma granulada de la cereza– para que los muchachos no se pudieran desplazar fácilmente. ¿Será verdad? Tal vez como sucede en el ensayo de Borges, Kafka y sus precursores, la idea de esclavitud que conlleva ser adicto a los blackberrys hizo que se creara la historia de los esclavos a posteriori.
De todas formas es imposible que uno no quede como un conservador cuando arremete contra las tecnologías virtuales, las redes sociales y la mar en coche. Estás viendo el cielo estrellado y sabés que es probable que alguna de esas estrellas ya no esté funcionando, sólo te llega la luz. ¿Pero qué importa? Cuando te mandan un mail, te dicen que es imposible que no te llegue. Salvo, aclaran, que se caiga el sistema. Desde hace años uno está esperando que se caiga el sistema. Me pregunto cuándo sucederá eso. Ya hemos visto civilizaciones sofisticadas hechas polvo y es evidente que la nuestra va por el mismo camino. Veo el rap, el hip hop, y donde muchos ven rebeldía, intensidad, yo veo fascismo, gente reaccionaria, personas repitiendo el mantra letal del capitalismo. Soy el número uno, soy el dos, etc. Todo es tan evidente como Plaza Sésamo: el sistema da premios televisados para todos. Una de las preguntas que se le hacen muy seguido a un escritor es ¿Por qué escribís? Yo hace poco se la hice a un amigo que se la pasa escribiendo tweets en su blackberry. Escribe este tipo de cosas: “Estoy con mi hijo, cenando y mirando fútbol. Un momento glorioso”. Le pregunté por qué, si realmente le estaba pasando eso tan increíble, tenía la necesidad de poner distancia de ese momento y escribirlo. ¿Qué ambiciona una persona que necesita escribir en una red social lo que le pasa a cada minuto? Es todo lo contrario de una estética de la desaparición en la vida privada. Lo que se intenta todo el tiempo es aparecer, estar, como si un parpadeo de Steve Jobs fuera suficiente para sacarnos de stock.
Howard Hughes era un tipo extraño. Multimillonario, llevó una vida excéntrica y dedicada, en una primera parte, a mostrarse: batiendo récords piloteando aviones, saliendo con mujeres hermosas, comprando diarios, etc. A eso le siguió una etapa de reclusión total hasta su muerte. En un libro de Paul Virilio, éste cita al periodista James Phelan, el biógrafo de Hughes, relatando una anécdota genial: Un día un hombre disfrazado de ratón Mickey se presentó en las oficinas de Hughes y dijo que tenía un regalo para él. Era el miembro del circo Disney y quería ofrecerle un reloj con esta dedicatoria: “Los héroes legendarios deben jugar sin cesar al gato y al ratón con el público, para que éste continúe creyendo en ellos, y no dudo que usted querrá saber de vez en cuando qué hora es”. Pero al bueno de Howard no le importaba el tiempo convencional de los humanos. Como bien apunta Virilio, para él ser no era habitar: “No es nadie porque no quiere ser alguien, y para ser nadie, hay que estar a la vez en todas partes y en ninguna”.
A lo largo de mi vida, salvo por imposiciones de la mortalidad, nunca he dejado de ver a mis seres queridos. Sin embargo Facebook trabaja con la idea de reactualizar los contenidos de tus relaciones. De golpe se te puede aparecer ese compañero de secundaria o esa amiga de la facultad a la que habías perdido de vista hace mucho. Algo así le pasa al capitán John Black, en el relato de Ray Bradbury de Crónicas Marcianas llamado La Tercera Expedición. Resumo: Llega Black con su cohete y su tripulación a Marte y antes de descender le dice a sus muchachos: ojo que no sabemos qué fue de la primera ni de la segunda expedición, no sabemos qué vamos a encontrar en Marte, así que cuando bajemos no se separen ni dejen sus armas. Cuando pisan el polvo de ladrillo de Marte quedan de piedra: el planeta es como un pueblito americano de los años cincuenta y en ese lugar viven los seres queridos de los tripulantes, que estaban muertos en la Tierra. El efecto es encantatorio y John Black –con quien se va la narración– se encuentra con sus padres y su hermano muerto y termina cenando en una réplica exacta de su casa de la infancia. Cuando le pregunta a su padre cómo puede estar pasando esto, él le contesta que no se hace muchas preguntas al respecto, que tienen una segunda oportunidad en Marte y que está bien. Black asiente y después de comer se va al cuarto compartido con su hermano y se ponen a dormir. Pero Black no duerme: se le ocurre que tal vez los marcianos tienen una forma de meterse en su psiquis y de esta manera crear un mundo ideal y doblegarlos. Se dice entonces que tal vez ese joven que duerme en la otra cama no es su hermano muerto hace mucho, y los que están en el otro cuarto no son sus padres fallecidos sino marcianos que han conseguido, mediante esta treta genial, que él incumpla lo que le pidió a su tripulación: que no se separen y que no dejen las armas. Su arma, de hecho, está con su ropa. Cuando se para en la cama, el hermano le pregunta a dónde va. Tengo sed, dice Black. No, no tenés sed, dice el hermano.
Freitag, 18. November 2011
Los primeros pasos del olvido - Roberto Echazú (1937-2007)
conociste
los gramófonos
y
las tiendas
sin luz
–te contaré
que aquí
en la tierra
las cosas
han cambiado
mucho.
O
quizás
lo sabes
mejor
que yo.
Recuerdo
la juguetería
que salía
de tus manos
y
las aureolas
de plata
que guardabas
en los viejos
baúles:
–depósitos
de Dios
que sólo
tú conocías.
Entre
tus brazos
aprendí
a dar
los primeros
pasos
del olvido
Montag, 7. November 2011
La Voz extraña de Fabian Casas
Acabo de cumplir cuarenta y cuatro años y desde los diez que escribo. Al principio escribía historietas que también dibujaba y que armaba en unas hojas de papel que mi papá me compraba en una cartonería que estaba en frente de mi casa. Mi papá compraba el papel y mi padrino —que vivía con nosotros en una casa inmensa y pobre— cortaba las largas hojas hasta que estas quedaban del tamaño de una revista. Ahora se habla mucho sobre el futuro del libro, si va a mudar definitivamente hasta convertirse en una pura realidad virtual. Los chicos que nacen con internet pueden acumular toda la obra de Tolstoi en un pequeño archivo. Y leerla en sus computadoras. Sin embargo, me cuesta creer que vamos a poder dejar de tocar el papel, de olerlo. De conservar un libro en el abrigo. Cuando mi mamá enfermó y murió en un hospital de la obra social de mi viejo, yo paseaba por los pasillos con una edición pocket de Trópico de Cáncer. Como una petaca, lo tenía en el bolsillo de mi sobretodo. Eran los años ochenta y algunos jóvenes usábamos sobretodos negros y zapatones negros. En medio de esos días tan desgraciados, sacaba el libro y le empinaba un trago. La voz de Miller me daba fuerzas. Aún sé de memoria ese comienzo increíble: “No tengo ni dinero ni recursos ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, pensaba que era un artista, ya no lo pienso, yo soy. Todo lo que era literatura se ha desprendido de mí. No hay más libros que escribir.¿Entonces esto qué es? No es un libro. Es un líbelo, una difamación. Es un prolongado insulto, en escupitajo arrojado a la cara del arte, un puntapié en el culo de Dios, del hombre, del destino, del tiempo, del amor, de la belleza…” La voz extraña que le había dictado esos poemas tan increíbles a Rimbaud volvía a hablar en la boca de un expatriado frenético que a los cuarenta años se rebelaba ante el cliché que es nuestra vida.
Uno nace e inmediatamente es arrullado o conmovido por la voz de nuestros mayores, por la voz cansada de los locutores de tv y la voz matutina de nuestros maestros. Pero, paralelo a estos sonidos, se engendra otro tipo de diálogo. Hay alguien hablándonos desde los comienzos de los tiempos, pero pocas veces intercepta nuestros destinos. Cuando eso sucede, el mundo se convierte en un lugar oscuro y peligroso, donde también está la salvación.
A esto, que voy a llamar la Voz Extraña, no se lo puede definir, pero se lo reconoce. Tiene las características de la poesía. Y a veces se la puede aislar del cuchicheo incesante de nuestro ego. Desde que nos levantamos hasta que nos dormimos, la máquina se pone en marcha y se activa nuestro diálogo interno. Ese diálogo construye el mundo en el que vivimos. Nos dice quienes somos, qué cosas tenemos que conseguir y trata de que lo sigamos al pie de la letra. Quiere que seamos lo que todos esperan que seamos, y que nos reproduzcamos y listo. Una vez conseguido esto, nos abandona con las cuentas impagas y el matrimonio en el horno. Es la Voluntad ciega que está acá sólo para seguir estando y nos hace muy desdichados. Nos hace esclavos.
Cuando escribo algo, tengo como mínimo dos sensaciones: una, que es algo escrito por mí, que me satisface y me representa. Tengo, después un largo tiempo haciéndolo, cierto oficio. Cualquiera adquiere una habilidad si se empecina en eso. El periodismo, por ejemplo, es puro oficio. Pero resulta que uno siente que el escritor debe ir siempre en contra de su habilidad. De manera que esos textos que parecen tan redondos y buenos son en realidad falsos amigos. Así que los dejo de lado o los intervengo hasta que escapan a mi control y empiezan a drenar la voz extraña. Entonces los relatos o los poemas me empiezan a dar verguenza ajena, incertidumbre y todas esas sensaciones con las que es mas difícil convivir. Ahí sé que —mas allá de los logros— estoy, como quería Kerouac, en el camino.
Vladimir Nabokov decía que la literatura empezó un día en que un pastor entró en la aldea gritando que venía el lobo, sabiendo que eso no era verdad. Es una buena definición pero está sostenida en un registro moral que me molesta. Asocia la literatura a la mentira. Un libro de ensayos deVargas Llosa sobre autores que lo conmovieron se llama “La verdad de las mentiras”. Sigue en la misma línea de flotación. Hace muchos años volví del colegio y le dije a mi madre que había un chico con unas orejas de burro ortopédicas. Mi mamá me dijo que era porque no estudiaba. Todavía hoy recuerdo la cara de ese chico que nunca existió. Tenía pelo marrón, dientes grandes, un guardapolvo que le quedaba apretado y estaba de pie en la puerta de entrada del Martina Silva de Gurruchaga, justo donde pegaba el sol. Le brillaba el armazón de metal que sostenía las orejas de burro inmensas, que eran de piel. Como ustedes comprobarán, yo no estaba mintiendo: simplemente, como en la Edad Media, como muchos otros chicos del mundo, tenía visiones. Antes de aprender a leer, ya tenía revistas de Batman. Estaban editadas por la editorial mexicana Novaro. Recuerdo una especial en la que en la tapa Batman se posaba por encima de una gran claraboya de vidrio. Debajo, mirándolo asustado, estaba el Guasón. De la boca de Batman salía un globo blanco de texto. Creo que pasé tardes larguísimas imaginando qué le estaba diciendo al Joker. Aún hoy, cuando voy al Parque Rivadavia a buscar libros viejos, me fijo entre esas revistas mexicanas que ahora son material de coleccionista, para ver si doy con la dichosa tapa. Poco antes de terminar la primaria me pasé las mañanas viendo un programa donde el mago Fantasio realizaba trucos en vivo, en un estudio repleto de chicos. Tenía un truco especial que me volvía loco. Juntaba chicos que seleccionaba del público y los ponía a sus costados. Acto seguido, decía, “ahora voy a pesar 200 kilos”. Y se tiraba al piso y los chicos no lo podían ni sostener ni levantar. Repetía esto varias veces pero bajando cada vez más de peso, hasta que decía: “ahora voy a pesar 20 kilos” y cuando se tiraba al piso, los chicos no sólo lo sostenían sino que lo hacían flamear. Le pedí a mi papá que me comprara la caja de trucos de Fantasio, pero el Gran Truco no estaba. Podías hacer desaparecer un pañuelo, fingir que cortabas un dedo y lo volvías a poner en el mismo lugar, pero nada del Gran Truco. Pasaron algunos años y coincidí en la colonia de vacaciones con un chico que había sostenido a Fantasio en el programa. Me lo comentó mientras nos cambiábamos en el vestuario para entrar a la pileta. Le pregunté, impaciente y nervioso, si todo estaba arreglado con el mago, eso de tirarse y no sostenerlo, etc. El me dijo: “No. Era increíble. ¡De pronto el tipo no pesaba nada!” Eso me mató. Sentí que en algún lugar había una estafa, pero que era en realidad encantadora. Ese mismo poder de extrañeza encontré después en la literatura.
No quiero decir que esto sea la Voz Extraña, ya que nadie sabe qué es. Pero sí que ese estado de encantamiento le es propio, la propicia. Es imposible que todos esos tipos hayan entrado a Troya en el caballo de madera como si nada, pero la imagen es poderosísima y sin duda habla de algo que pasó hace mucho tiempo y que es funcional al costado más inquietante de nuestra humanidad. Quiero decir que hay cosas que suceden en el mundo y hay cosas que sólo pasan en el espíritu. Y el Espíritu, como todos sabemos, sopla donde quiere.
Esta cualidad del Espíritu de elegir a quien se le cante para ser su intérprete, no es un hecho que debamos tomar a la ligera. Es un lugar común suponer que los llamados artistas o locos son los que suelen tener una visión especial del mundo. Esto no es así. Puede haber artistas que hayan sufrido por una aguda sensibilidad, pero lo cierto esa que la Voz Extraña le toca a cualquiera. Veamos algo que escribió León Bloy: “No hay en la tierra un ser humano capaz de declarar quién es. Nadie sabe qué ha venido a hacer a este mundo, a qué corresponden sus actos, sus sentimientos, sus ideas, ni cual es su nombre verdadero, su imperecedero nombre en el registro de la luz…”. De manera que encontrarse con la Voz Extraña no es como respirar sino como ser respirado. No la podemos llamar, pero si podemos propiciarla vaciando nuestro canal. ¿Cómo se hace esto? Bajando el ego hasta el mínimo, liberándonos de los apegos que nos esclavizan y volviéndonos inaccesibles. Hay que buscar el equilibrio, no la inteligencia. Y todo esto se logra con disciplina. Sé que estas palabras suenan a la basura de la autoayuda, pero no puedo expresarme mejor y les pido disculpas. Tal vez deba pasar de nuevo de lo abstracto a lo concreto.
La cruza entre el pensamiento hindú y chino se dio en el siglo I después de Cristo por medio de las enseñanzas budistas. Como resultado de esas dos modalidades surgió el Budismo Zen. El Budismo Zen llegó al barrio de Boedo de la mano del padre del Japonés Uzu, quien vino a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. El Japonés Uzu iba al colegio conmigo y no se llamaba Uzu sino Kimitake Hiraoke, pero todos, vaya uno a saber porqué, le decíamos Uzu. La llegada de la familia Uzu fue por escalas. Primero vino el padre para inspeccionar el lugar y ver si podía probar suerte. Lo ayudó la comunidad japonesa y rápidamente pudo ponerse una tintorería. En Osaka, su lugar de origen, tenían una bicicletería. Cuando Uzu, el hermano y su madre arribaron al aeropuerto de Ezeiza, los sorprendió que el hombre que los estaba esperando fuera melenudo, un beatle japonés. “Estoy tratando de pasar desapercibido, de parecerme a ellos”, les dijo el padre para tranquilizarlos. El padre era cultor del zen y solía relatarle historias de ese tipo al japonés Uzu. Ya en el colegio, él nos la contaba a nosotros. De esta manera, nacía el Boedismo Zen. Uzu solía decir estupideces de este tipo: “Antes de encontrar mi camino, yo era el camino”. O relataba las andanzas de Bokuden, un samurai cultor del arte de la no espada. En el secundario armamos un equipo de fútbol que se llamó Boedo Juniors y que salió campeón del torneo de la parroquia Santa Amelia. Uzu jugaba de delantero, era grandote, veloz y difícil de marcar. Antes de entrar a la cancha, nos instruía en Boedismo Zen. Esa era la charla técnica. Con el tiempo, al igual que el padre, se dejó crecer el pelo y se hizo plomo de una banda de heavy metal. Una noche iba con un amigo en un auto y alguien en otro auto los empezó a perseguir. Nunca se pudo saber por qué el perseguidor empezó a tirar tiros y uno rompió el vidrio trasero del coche y entró por la cintura de Uzu y salió por el abdomen. Lo partió al medio. Igual sobrevivió, pero este hecho dividió su vida en un antes y un después. Dejó la banda de metal, se cortó el pelo y se puso a estudiar filosofía. Ahora da clases sobre Deleuze en la universidad. Creo que lo importante no es lo que dicen los protagonistas, sino lo que dicen los trazos de las vidas de los protagonistas. Samuel Taylor Coleridge estaba soñando el poema de la construcción del palacio del Kubla Kan en un día de verano de 1797. Hasta que un hombre venido de una localidad cercana lo despertó. Coleridge perdió el hilo del poema que la Voz Extraña le había estado transmitiendo, pero con lo que recordó publicó unos cincuenta versos rimados. Más que el fragmento lírico que dejó para la historia, me gustan las circunstancias en las que se desarrolló la escritura. La Voz Extraña suele hacer karaoke con nuestros destinos.
Mittwoch, 21. September 2011
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