Mittwoch, 13. Juli 2011

Leónidas Carlos Lamborghini de Washigton Cucurto

Ayer murió Leónidas Lamborghini
no sé si salió en el Diario,
me llamó Santiago Llach
y me dijo: “Cucu, tildó el Lambo”.
¿O fue un mensajito de texto, en verdad?
No importa. Lo que sí sé aunque
no venga al caso, es que el poeta
Martín Rodríguez, mandó un mail
escueto sin contenido, solo el asunto:
“Murió la madre de Alejandro Rubio”.
Eso fue todo y eso es todo.
Me acuerdo que la noche que murió Mangieri
Fabi me llamó y me tiró mala onda.
Me preguntó si iba a ir al velorio y le
dije que no soportaba los velorios.
“Con todo lo que hizo por vos y no querés
ir al velorio”.
Estuve mal y estuvo mal.
Pero, ¿qué voy a ir a hacer a un velorio?
A José Luis prefiero recordarlo lleno de vida
con el maletín lleno de libros por el trocen
de la ciudad.
-“Negrito, tomá, tenés que leerte este libro”.
Mientras escribo esto está muriéndose Abundio
El pizzero de la pizzería de al lado de la cartonería
¡Qué tipo sensacional!
Me dicen los vecinos: “¿vas a hacer algo?”
¡Qué quieren que haga…!
Al final lo velamos en la cartonería.
Murió mi padre, murió Cassius Clay, murió
George Perec, Gregory Corso murió en Roma.
Un día morirá Juan Gelman y Juanita Bignozzi,
Y yo y mis hijos y todos. No importará, por supuesto.
Es una obviedad lo que digo. Es increíble que la
muerte sea una obviedad…
Mi vieja me llama y me dice (ella no morirá nunca):
-“¡Devolveme la olla que te presté!”.

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